Josep Císter, el artífice silencioso del milagro de las tardes en La 1

En un momento en el que la televisión lineal lucha por mantener el interés del espectador, ‘La promesa’ y ‘Valle salvaje’ han logrado no sólo sobrevivir, sino liderar.

Ambas series no sólo resisten los vaivenes de la programación de La 1, sino que se han convertido en el pilar de sus tardes.

Detrás de este fenómeno hay un nombre que se repite cada vez que se menciona el éxito: Josep Císter., que recientemente ha concedido una entrevista al diario El Mundo.

Él no quiere títulos, pero la industria ya le reconoce como el “emperador de las tardes”.

Mientras que en Antena 3 ‘Sueños de libertad’ ocupa su lugar entre las favoritas del público, es en RTVE donde el impacto ha sido más profundo.

‘Valle salvaje’, una ambiciosa superproducción ambientada en el siglo XVIII, y ‘La promesa’, que lleva más de dos años cosechando audiencias récord, son un fenómeno conjunto que, según muchos, ha salvado literalmente las tardes de la cadena pública.

Y lo ha hecho en medio de un contexto hostil: con cambios constantes de horario, la introducción del magacín ‘La familia de la tele’ y una feroz competencia por la atención de la audiencia.

En ese escenario inestable, Císter ha sabido convertir los obstáculos en combustible creativo. Lo demostró con ‘La promesa’ al atreverse a matar a su protagonista, Jana, y a despedir a la marquesa, la gran villana.

Un giro de guion arriesgado que, lejos de espantar a los espectadores, revitalizó la serie. Su visión fue clara: las ficciones diarias no pueden dormirse, deben estar vivas. Y para eso, hay que tener la valentía de apostar fuerte.

‘Valle salvaje’ representa su desafío más osado. Una serie de época, con decorados, vestuario de 1776 y un nivel de producción digno de plataformas internacionales, pero con la exigencia del formato diario.

Al principio, los datos no acompañaban. «Me he levantado sin aire muchas veces», confiesa el propio Císter. Pero RTVE aguantó, Netflix apostó, y el resultado está a la vista: la serie no sólo sube en La 1, sino que ha conquistado el top 10 global de la plataforma de streaming.

El secreto de este doble éxito no está, según Císter, en una fórmula mágica. “Si la tuviera, estaría en Las Bahamas con un mojito”, bromea. Pero sí reconoce un elemento común en ambas ficciones: la familia. “Todos tenemos una, todos entendemos sus conflictos”, dice. Y quizá ahí resida parte del éxito: en construir historias donde el espectador se reconozca, sufra, se indigne y se emocione.

Pero no es solo talento. Císter trabaja a destajo, incluso en Navidad. Escribe, supervisa guiones, dirige reuniones creativas, visita platós y mantiene contacto directo con el equipo técnico y artístico.

“Tengo un grupo de técnicos súper jugón”, dice con orgullo. Y lo que más le pesa, por encima de audiencias o premios, es la responsabilidad: cada serie implica 160 empleos directos. “No son números, son personas. Y eso me puede mucho”, asegura.

Su visión de la profesión es clara: «no hacemos un trabajo extraordinario, entretenemos». Lo dice sin falsa modestia, reivindicando que su labor, aunque muy visible, no es más importante que la de un médico o un maestro. Pero su humildad no oculta una verdad incontestable: sin Císter, ni ‘La promesa’ ni ‘Valle salvaje’ serían lo que son. Y probablemente, las tardes de La 1 tampoco.

¿Hasta cuándo durará esta era dorada? “El tiempo que quiera el público, RTVE y Netflix”, responde. Mientras tanto, él seguirá en su túnel, como una hormiguita, escribiendo tramas, descartando ideas, levantando ficciones que hoy son mucho más que series: son fenómenos. Y eso, le guste o no, es cosa de emperadores.

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