Begoña descubre la cara más amable de Gabriel en ‘Sueños de libertad’ (Mejores momentos)
La relación entre Begoña y Gabriel atraviesa uno de sus momentos más delicados en ‘Sueños de libertad’, pero también uno de los más reveladores.

Lo que parecía un matrimonio roto sin posibilidad de entendimiento ha dejado paso a una escena íntima que cambia la percepción del director de la fábrica. Gabriel quiere ser mejor padre, y por primera vez, sus palabras no suenan a estrategia.
Todo comienza en la habitación del pequeño. “Hola, pequeñín. Hola. ¿Qué haces despierto? Es muy tarde. Deberías estar durmiendo. Ven aquí. Ven con tu papá”. La imagen dista mucho del hombre frío y calculador que hemos visto en otras ocasiones. Gabriel lo sostiene con torpeza y ternura a la vez, incluso bromea: “Me gustaría cantarte una nana, pero no sé. Pero mejor para ti, porque canto fatal”.
El tono cambia cuando, mirándolo fijamente, le susurra: “Eres tan bonito. Con ese narizito, esos deditos. Así, agárrame fuerte. Eres un regalo caído del cielo”. Gabriel confiesa que ha comprado un balón. “Pasé por una juguetería y te compré un balón. Que ya sé que todavía eres muy pequeña para jugar, pero tengo tantas ganas de que crezcas”. No es el regalo lo importante, sino lo que simboliza: una vida que quiere hacer distinta a la suya.
El tono cambia cuando, mirándolo fijamente, le susurra: “Eres tan bonito. Con ese narizito, esos deditos. Así, agárrame fuerte. Eres un regalo caído del cielo”. Gabriel confiesa que ha comprado un balón. “Pasé por una juguetería y te compré un balón. Que ya sé que todavía eres muy pequeña para jugar, pero tengo tantas ganas de que crezcas”. No es el regalo lo importante, sino lo que simboliza: una vida que quiere hacer distinta a la suya.
Él no se esconde. “Pero ahora soy este, un hombre que quiere empezar a hacer las cosas bien”. Y cuando ella insiste —“¿Y por qué ahora?”—, la respuesta es clara: “Porque ahora tengo un motivo. Cuidar de mis hijos. Cuidar de ti. Algo que mi padre nunca hizo”. Gabriel incluso admite: “No recuerdo ni una sola vez que mis padres me dijeran que me querían. Y crecí pensando que no merecía ningún tipo de amor”.
El nacimiento de Juan marcó un punto de inflexión. “Cuando Juan nació cambió algo y me di cuenta que eso no era verdad y que podía haber amor. Y me prometí que no le pasaría eso a él. Que él se sentiría querido por su padre”. Es, probablemente, la confesión más honesta del personaje hasta la fecha.
Antes de marcharse, Begoña mantiene la compostura: “Tengo que darle la toma”. “Claro. Buenas noches”, responde él. No hay reconciliación romántica, pero sí un entendimiento nuevo. Han pactado mostrarse como una familia ante sus hijos, aunque la verdad sea otra. “Ese será nuestro secreto, que no nos queremos”, había dejado claro ella.




