Corazón negro en ‘Sueños de libertad’ (Mejores momentos)

El secreto mejor guardado de Beatriz acaba de abrir una grieta peligrosa en ‘Sueños de libertad’.

La joven no ha podido ocultar más su inquietud y termina confesándole a Álvaro que ya había visto antes a Pelayo, mucho antes de su llegada a la casa. El problema no está solo en ese encuentro, sino en la posibilidad de que él ate cabos y descubra quién es en realidad.

Todo se remonta a México, cuando Beatriz acudió a la embajada española para renovar su pasaporte. Allí coincidió con Pelayo, que trabajaba entonces como diplomático, en una escena breve pero lo bastante extraña como para quedarse grabada en su memoria. Fue un momento aparentemente sin importancia, casi rutinario, pero una frase dicha entonces ha vuelto ahora con fuerza y ha encendido todas las alarmas.

Según le cuenta a Álvaro, Pelayo se fijó demasiado en ella desde que volvió a verla. Esa insistencia en la mirada, ese gesto de reconocer un rostro sin llegar a situarlo del todo, ha dejado a Beatriz completamente intranquila.

Su miedo no nace de una certeza, sino de una sospecha que cada vez pesa más: que el marido de Marta termine recordando dónde la vio y desmonte la identidad con la que ella se ha movido hasta ahora.

La escena cobra todavía más tensión porque Beatriz había intentado salir del paso disimulando, como si jamás hubiera coincidido con él. Pero la duda ya está sembrada. Pelayo incluso llegó a comentar que aquella mujer presentada como Antonia le resultaba familiar y que creía haberla visto en México, una observación que Begoña trató de cortar de inmediato. Aun así, el daño ya estaba hecho.

En su conversación con Álvaro, Beatriz se muestra mucho más vulnerable de lo habitual. No consigue apartar esa idea de la cabeza y teme que un detalle mínimo lo cambie todo.

Lo que parecía una anécdota del pasado se ha convertido en una amenaza real, sobre todo porque ella está convencida de que basta un recuerdo preciso para dejarla expuesta.

Álvaro intenta tranquilizarla y rebajar la importancia de aquel encuentro, insistiendo en que solo fue una vez y en que probablemente Pelayo no conserva ni su nombre ni suficientes datos para relacionarla. Pero ni siquiera esas palabras consiguen calmarla. Beatriz siente que algo se ha activado y que, desde este momento, cada cruce con Pelayo puede convertirse en un riesgo.

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